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Dom, Jun
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Opinion

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.

Desde 2009 circula una carta en internet que habría sido supuestamente escrita por “una profesora de lengua de un instituto público” demostrando que es incorrecto llamar “presidenta” a la mujer que gobierna un país o alguna comunidad.
La carta resucitó en los últimos meses con el título “sobre ignorantes e ignorantas: carta de una profesora con acertadísima y lapidaria frase final” y se ha viralizado, no a través de correos electrónicos y blogs, como sucedió en 2009, sino mediante las cada vez más peligrosas redes sociales.
La Fundación del Español Urgente (Fundéu) señala que el escrito "se basa en tres afirmaciones: que el participio activo del verbo ‘ser’ es ‘ente’; que la terminación ‘-nte’ que añadimos a los participios activos procede de ‘ente’ y que esa terminación se toma de ‘ente’ porque significa ‘lo que es’. Y ninguna es verdadera”.
Y ninguna es verdadera porque el participio activo ya no existe. “El único participio que actualmente tienen los verbos españoles es el perfecto”, explica la Fundéu así que el de “ser” no sería “ente” sino “sido”.
El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define a “ente” como “lo que es, existe o puede existir”, pero desde el punto de vista de la filosofía; señala que su segunda acepción es “entidad” (colectividad considerada como unidad) y, finalmente, significa “sujeto ridículo o extravagante”.
“Ente” es una palabra, puede ser un denominativo pero no es sufijo. El que tiene esa categoría es “-nte” que forma activos deverbales que antes eran llamados participios activos. “Ente” como terminación es la primera conjugación del activo deverbal “-nte”.
Hasta aquí el artículo está bastante complejo, incluso para su autor, y seguramente ya espantó a muchos lectores. Para los que se quedaron simplemente resta decir que los argumentos de la supuesta carta de la profesora de lengua están equivocados. No lo digo yo, que no soy lingüista ni mucho menos, sino la Fundéu.
Además de sus errores, está la sospecha, hasta ahora no desmentida, de que la tal profesora no existe. En la carta que circula ahora no aparece su nombre mientras que en la de 2009 sí había uno, Mercedes Bernard. Hasta ahora, ocho años después, no se ha identificado plenamente a esa persona. En las últimas versiones aparecen unas fotografías como de una mujer de 60 años y, quizás por eso, la supuesta profesora dice que tiene esa edad. El detalle es que en la versión de 2009 afirmaba que tenía 48 años.
Eso sí, hay que reconocer que, con errores y todo, la carta está muy bien escrita. Su construcción gramatical es correcta y no tiene errores ortográficos. Todo indica que el o los autores del escrito poseen una buena formación y una sólida cultura. Lamentablemente, utilizaron sus conocimientos para fabricar una versión convincente de un mal uso del idioma con un objetivo innoble: mantener el uso del masculino incluso para los casos en los que nos referimos a una mujer.
Es un obvio caso de machismo. Para nadie es un secreto que tanto en Europa como en América todavía existen miles, quizás millones de personas, incluidas mujeres, que se sienten incómodas al utilizar el femenino en palabras como médica, ingeniera o concejala.
En el caso de “presidenta”, el dilema está resuelto desde hace más de un siglo porque ya apareció en el DRAE de 1803 con esta definición: “La mujer del presidente o la que manda y preside en alguna comunidad”.
Por tanto, es correcto decir “presidenta” a una mujer que gobierna, como es el caso de Michelle Bachelet. Negarlo no es una cuestión de “ignorantas”, porque esa palabra no existe, sino de ignorantes, ignorantes machistas.

LUPE CAJIAS

El ejercicio de revisar periódicamente los portales electrónicos y el estado de arte del gobierno electrónico suele traer datos que comprueban la falta de transparencia y de acceso a la información pública del Estado Plurinacional de Bolivia.
Aunque hace 17 años, primero desde la Vicepresidencia y luego desde la Presidencia, Jorge Quiroga impulsó las páginas web en todo el Ejecutivo y la publicación de las principales transacciones del estado por esa misma vía, el gobierno del Movimiento Al Socialismo retrocedió al siglo pasado.
En otra ocasión detallamos el caso del Tribunal Electoral y de la Contraloría que otrora fueron ejemplos de acceso a su información. Hace poco los expertos del área lamentaron la falta de actualización de los datos imprescindibles para conocer qué sucede dentro de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.
Este fin de mayo visitamos el portal oficial de Bolivia (bolivia.gob.bo), el cual seis meses más tarde del cambio de números y nombres de ministerios aún conserva los antiguos y, aparentemente, la fecha de construcción de esta página es de ¡2010! Si entramos al ex Ministerio de Transparencia y lucha contra la corrupción no encontramos nada. Si pasamos al Ministerio de Justicia, portal más dinámico y actualizado, en el Viceministerio de Transparencia tampoco hay nada.
En el Ministerio de Hidrocarburos (y ¿energía?) el último boletín publicado es de abril. ¿No pasó nada en esa cartera tan importante desde esa fecha? En enero fue creado el Ministerio de Energía, como tal aparece en la lista de ministerios del Ministerio de la Presidencia. Supuestamente para enfatizar el rol de Bolivia como centro energético, pero ¡no tiene página web! No es posible encontrar en portales oficiales la posición oficial en la intervención a una sociedad anónima encargada de distribuir energía en los Yungas.
El Ministerio de Cultura tiene muchos datos, pero su última noticia es sobre el anuncio del Presidente Evo Morales para crear tres centros de medicina nuclear (sic). ¿Será porque el anuncio fue hecho en El Alto, ciudad originaria de la ministra del ramo?
La Agencia Boliviana de Información (ABI) mantiene su tendencia de lenguaje respetuoso y de información (no entró a la confrontación que alienta Gisela López), pero ya no tiene servicios de enlaces y otros que ayudaban tanto al periodista en sus tareas.
Lo más triste es la ausencia del 70 por ciento de los ministros en los medios de comunicación. Hagan la prueba, pregunten a la gente quién es quién y verán.

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