Partiste, Filipo

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Eduardo Claure

Compañero, amigo, maestro, Filipo, te fuiste un día dedicado a los Maestros, que mejor fecha para hacer de tu partida un instante para eterna memoria sobre ti, que fuiste un verdadero Maestro, dedicado a la lectura y la escritura como parte de tus pasiones encendidas por tu energía y lucidez para enseñar desde los panfletos hasta los libros que escribiste, pasando por tus resoluciones congresales, tus aportes a los eventos sindicales mineros de la FSTMB y la propia COB. Tu vida fue enseñanza plena, en lo político sindical y en lo ideológico. Filemón Escobar fuiste dirigente sindical minero, luchador por el proletariado boliviano y dejas un vacío permanente, además de poner con tu partida, un final a una generación ideológica de oro de los mineros como la “Vanguardia del Proletariado” boliviano.
Ya el historiador y ex presidente boliviano, Carlos Mesa te describió con precisión: "Filipo es, por encima de todo, un militante de su país y de su pueblo. Militante por la experiencia del trabajo obrero, por la fuerza vendaval de los trabajadores organizados, fuerza de la que él mismo fue artífice y parte". Así retratado, tal como te conocimos, fuiste un dirigente sindical apasionado hasta el límite, formador de bases y cuadros, fuiste de una militancia más allá del entreguismo o la prebenda, tu olfato para detectar liderazgos era proverbial, fuiste un lector apasionado e inexorable y tal como lo expresara el ex Defensor del Pueblo Waldo Albarracín, fuiste un “rebelde sin pausa”.
Filipo quedaste huérfano muy niño, viviste en el hogar de niños en La Paz “Méndez Arcos”. Allí admiraste al Cnl. Gualberto Villarroel, quien te motivó a ser un gran hombre, un gran dirigente y un indiscutible líder sindical, pero para ello, debías prepararte y encontraste en la lectura, lo que andabas buscando, ser un líder de verdad, sencillo, humilde, incorruptible, solidario y fundamentalmente, lucido y claro. Forjaste tu propia formación con verdadera visión y vocación de servicio a tu pueblo, lo que ha quedado plasmado en tus escritos que tienen espacio en bibliotecas públicas y particulares, especialmente de quienes admiran y atesoran este trabajo intelectual tan tuyo por su peculiar estilo. Tu humildad se reflejaba no solo en los consejos sabios que daba a las nuevas generaciones. Hace un par de años, cuando estuviste en varias ciudades del país presentando tu libro "Semblanzas" dedicaste las primeras páginas de esa tu obra con el mensaje: "Joven debes leer y leer". Tu ser autodidacta, es memorable, y un ejemplo forjado en las lides sindicales y partidarias cuando se trataba de elaborar la “mejor propuesta ideológica y combativa” para dar línea al sindicalismo minero, de cuyos centenares de legajos congresales y de ampliados, todas tienen impregnadas la tinta de tu mano, como aquel documento político aprobado como tesis en el congreso de la COB en la Mina Matilde, donde por primera vez se te vio bailar sobre una mesa, por el documento aprobado que tenía tu sello personal. De ahí tu ejemplo, siempre que estabas con gente joven y aún otras mayores decías: “sólo la lectura nos permitirá cambiar el destino del país, ojalá eso entiendan las nuevas generaciones”.
Tu sabia y juiciosa decisión junto a Simón Reyes y otros dirigentes mineros y de otros sectores evitó una masacre en Calamarca, cuando la "marcha por la vida",en aquel momento crucial donde la columna de marchistas fue rodeada por los militares y se presagiaba la peor de las consecuencias, tu experiencia de vida, volcada en tus análisis y reflexiones en momentos críticos orientó la toma de decisiones para sortear semejante coyuntura con suficiente inteligencia y aplomo; las nuevas generaciones de dirigentes debieran seguir tus pasos y tu causa.
Aparte de tus aportes teóricos, otro de tus legados sin duda son tu entereza expresada en una intransigente consecuencia con tus ideas, principios y valores y, al mismo tiempo, en una flexibilidad de pensamiento que te hizo capaz para dirigir tu mirada autocrítica, sobre sí mismo y tus ideas, con igual rigorcon que la dirigías hacia los demás.Por eso, Filipo, pensaste y viviste libre de dogmas y ataduras. No perdiste de vista nunca la delgada línea que separa la lealtad del servilismo, por lo que nunca te llevaste bien con el poder y los poderosos, pero tampoco perdiste el respeto de quienes, más allá de las diferencias ideológicas, doctrinarias o de sector, supieron reconocer y valorar tu consecuencia, tu lealtad y tus principios, que siempre fueron la fortaleza de tu ser político y sindical.
Filipo te despediste ayer del mundo terrenal, como eras tú: simple y sencillo, rodeado de tu familia, tu hogar y de la gente que te apreció, y, conociéndote, sé que no te perturbará la presencia de oportunistas que seguro llegaron a tu velorio a expresar condolencias sinfranqueza.
Tu gran corazón junto a tu esposa e hijos, incluyendo a tus queridas mascotas Oso, Sulky y Nube, a quienes has dedicado mucho amor, expresan lo humano y digno de tu entorno construido y fortalecido a pesar de todas las vicisitudes atravesadas. Tu cariño por tus mascotasa quienes exclusivamente te dedicabas a alimentarlas cada día, manifiestan lo que siempre decías “que aquella persona que no amaba a los animales, no valía para nada”.
Filipo, nunca olvido las conversas en tu casa de tu centro minero querido allá a mediados de los 70’, cuando amanecíamos escuchándote junto a estudiantes de varias universidades que te visitaban para hablar de Louis Althusser, por ejemplo, o de su mentor Maurice de Gandillac, sentados sobre payasas, con el lamparín encendido para dar luz a la habitación y bajo esa penumbra, con el inacabable café negro y los infaltables Derby sin filtro, los Astoria y Camba o la coca para el pijcheo que nos dejaba llegar al claro y nuevo día con la cabeza llena de nueva visión, imaginando misiones nuevas y alimentadas por las líneas revolucionarias que durante horas habías estructurado para enseñar y formar a quienes te visitaban con regularidad. De aquellas tertulias guardo con especial cariño tu obsequio: “Tupaj Amaru” del historiador polaco,Boleslao Lewin, cuyo ejemplar lo atesoro.
Por todo ello, que has dejado como enseñanza con tu ejemplo, gracias, Maestro Filipo. Gracias…!!

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