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Sáb, Jun
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Internacional

Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría este martes en el Congreso.

El presidente replica directamente al líder y a la portavoz de Podemos para rebatir que haya razones para la censura y demostrar que no hay alternativa para La Moncloa.

EL PAIS ESPAÑA
Mariano Rajoy no solo no ha eludido este martes el cuerpo a cuerpo con Podemos en el debate sobre su moción de censura, la tercera presentada en esta etapa democrática, sino que lo ha querido protagonizar desde el primer momento. Rajoy ha replicado primero a la portavoz de Podemos, Irene Montero, y luego al candidato de ese partido, Pablo Iglesias, con la meta de evidenciar que según su criterio no existen razones objetivas para la moción y tampoco programa ni candidato alternativo en esa formación. Rajoy ha insistido especialmente en descalificar las capacidades de Iglesias para ser presidente y le ha espetado: “No es fiable”.
El presidente del Gobierno se ha encerrado los últimos cuatro días en La Moncloa, repasando papeles, haciendo llamadas y recibiendo informes, para estudiarse a fondo, como en su época de opositor, el debate de la moción de censura contra su gestión registrada por Pablo Iglesias. En una de esas conexiones ha espetado a un colaborador: “¡Aquí estoy, preparándome, claro, cómo no voy a intervenir!”.
Ha vuelto a leer el programa de Podemos y ha recuperado discursos pasados e intervenciones enteras de Iglesias, en el debate de investidura y hasta en tertulias televisivas, para tener todas las reacciones previstas. Ha redactado incluso, con su equipo, las réplicas por escrito que ha soltado primero a la portavoz parlamentaria de Podemos, Irene Montero, y luego a Iglesias.
Ha escuchado atentamente el largo discurso de Montero y se ha empeñado en darle réplica directa y cuanto antes para certificar una de las dos estrategias que se ha fijado para resolver este debate: rebatir la teoría de que había argumentos para tramitar ahora una moción. También para fijar la posición casi paternalista de que él se considera el líder máximo de un partido y un Gobierno cuestionado en canal por Podemos y debía ser el que saliera en su defensa. Y, finalmente, para ahormar un relato completo para los medios y sobre todo para las televisiones antes de los telediarios de mediodía.
Cuando Iglesias ha salido a escena, ha terminado su prolongada lección de historia, ha desglosado su programa y ha reiterado las denuncias de su portavoz, Rajoy se ha encontrado con el momento que llevaba tiempo esperando. Tras más de seis horas de discursos, Rajoy ha abundado en su gran objetivo de la jornada: desmontar a Iglesias. Es lo que ha llamado ir a “lo importante”. Es decir, concluir si el aspirante que se sometía al examen “era apto o no” para ser presidente en su lugar.
Rajoy no ha demorado sus conclusiones y ha cuestionado todas las capacidades de Iglesias para ese cargo y para subrayar que el candidato de Podemos “no es fiable ni inspira confianza”. El líder del PP ha sostenido desde el comienzo la tesis de que los españoles no quieren que Iglesias “les gobierne” porque lo han dicho en dos elecciones y porque “cuanto más le conocen menos le votan”. Rajoy ha recalcado ahí que el “experimento de populismo de izquierdas” de Podemos se disuelve porque perdió un millón de votos entre los comicios del 20-D de 2015 y el 26-J de 2016.
El jefe del Ejecutivo ha profundizado de forma contundente en esa herida contra la fiabilidad de Iglesias: “Un Gobierno presidido por usted o donde usted goce de alguna suerte de influencia sería un gobierno letal para el bienestar general y para el modelo de convivencia que nos hemos dado”. Rajoy no ha soltado esa presa y ha reiterado: “Usted no debe ser presidente de todos los españoles por el sucedáneo de programa de gobierno que nos ha presentado pero también por lo que ha dicho y hecho”. Y le ha reprochado sus exageraciones, excesos y generalizaciones.

La fiscal de Venezuela, Luisa Ortega.

Luisa Ortega Díaz solicita un antejuicio de mérito contra los magistrados de la Sala Constitucional que en marzo le dieron poderes dictatoriales al Presidente de la República.

EL PAIS ESPAÑA
El enfrentamiento entre la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz, y el Ejecutivo de Nicolás Maduro se recrudece a pasos agigantados. La jefa del Ministerio Público, una antigua aliada del proceso bolivariano, impulsa con vigor el desafío legal a la Asamblea Constituyente convocada por el presidente. La coincidencia entre el chavismo crítico con la deriva totalitaria del régimen y la oposición aglutinada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) empieza a hacerse evidente. Ambos sectores parecen decididos a aliarse para forzar la salida de Maduro.
La primera prueba de que la fiscal, una antigua aliada del proceso bolivariano, y la MUD acercan posturas ocurrió el lunes. La alianza opositora llamó a sus seguidores a presentarse en la sede del Tribunal Supremo de Justicia en Caracas para que formaran parte del contencioso que introdujo Ortega Díaz contra la convocatoria de la Constituyente, la apuesta de Maduro para liquidar a sus adversarios con la excusa de escribir una nueva Constitución. El mismo lunes, la Sala Electoral del Supremo, que controla el régimen, no admitió la petición de la fiscal por “inepta acumulación de pretensiones”, es decir, por pedir en el mismo escrito la nulidad de las actuaciones de distintos órganos de los poderes públicos.
De inmediato, la fiscal replicó con tres solicitudes que demuestran que la fractura con el Gobierno es definitiva: un antejuicio de mérito contra seis miembros principales y dos suplentes de la Sala Constitucional que, a finales de marzo, mediante dos sentencias, liquidaron las competencias del Parlamento y otorgaron poderes dictatoriales a Maduro; una medida cautelar para que los magistrados de esta Sala se separen de sus cargos; y la desincorporación de 13 magistrados principales y 20 suplentes designados en los estertores del anterior período de la Asamblea Nacional, entonces controlada por el chavismo, y cuando ya se conocía que la MUD tomaría control de ese poder público.
Aquellas designaciones fueron cuestionadas por las formaciones opositoras porque los magistrados eran parte del Partido Socialista Unido de Venezuela, simpatizantes confesos del Gobierno bolivariano y no cumplían con los requisitos del comité de postulaciones. Ortega Díaz terminó de darle asidero a esas denuncias cuando contó que, en su momento, había cuestionado los nombramientos. “No había denunciado antes esas irregularidades porque no había podido revisar las pruebas. […] Ese proceso estaba viciado y se hizo a espaldas mías”, declaró la fiscal a Unión Radio, el lunes.
La Constitución de Venezuela señala que el Consejo Moral Republicano —que integran la Defensoría del Pueblo, la Contraloría y el Ministerio Público— debe revisar los expedientes de los aspirantes a magistrados y firmar si están de acuerdo con sus designaciones. Ortega Díaz asegura que no firmó el acta porque no supo cómo fueron seleccionados. Pero el defensor del Pueblo, Tarek William Saab, negó que la fiscal haya objetado los nombramientos en la reunión que sostuvieron el 16 de diciembre de 2015, una semana antes de que la Asamblea Nacional juramentara a los jueces.
Los contenciosos introducidos por la fiscal parecen querer dejar en evidencia la falta de independencia de las instituciones, que el chavismo crítico apenas había sentido antes de este cisma. “El Gobierno pretende desmantelar al Estado y conspira para alterar la forma republicana, como está establecida en la Constitución. No es solo a través de un acto de fuerza como se conspira contra la nación, sino también con sentencias”, dijo Ortega Díaz ayer, al consignar la solicitud de antejuicio de mérito contra los magistrados.
Los escritos han sacado a la Mesa de la Unidad de la rutina de las protestas reprimidas por la policía militarizada. La Asamblea Nacional se aprestaba ayer a juramentar a los miembros del Comité de Postulaciones Judiciales, que debería culminar con la designación de nuevos magistrados.

Un adicto en una calle del Bronx en Nueva York.

La epidemia de muertes por cócteles de opiáceos revienta los registros históricos en EE UU.

EL PAIS ESPAÑA

Luis González fue adicto al crack y a la cocaína, estuvo preso, se rehabilitó, fue guardaespaldas de un cantante de los Bee Gees y se hizo guía de adictos en un centro de desintoxicación. Pero a sus curtidos 59 años no había visto nada como lo que está pasando ahora. “Se están yendo todos al cementerio”, dice. La epidemia de los opiáceos abrasa las venas de EE UU. Según The New York Times, en 2016 las drogas mataron a más personas que nunca, al menos 59.700 (una proyección a partir de datos oficiales del primer semestre y que continúa la escalada desde los 47.000 de 2014 y los 52.400 de 2015). El año pasado murieron por esta causa más americanos que en los 19 años de la guerra de Vietnam.
Del total de muertes, unas 35.000 fueron por consumo de heroína sola o cortada con opiáceos sintéticos ilegales que tienen su principal origen en China y que hasta traficantes de poca monta logran recibir por correo tras pedirlos en páginas ocultas de Internet. El compuesto más común desde hace cinco años, 50 veces más fuerte que la heroína, es el fentanilo —que mató a Prince en 2016—, y otro más reciente pero poco usual es el carfentanilo, 100 veces más potente que el fentanilo y capaz de sedar con una pizca a un elefante de seis toneladas.
Pero ningún peligro por desmedido que sea parece espantar a un heroinómano. “No me da miedo”, afirma Edward [los nombres de los adictos entrevistados son ficticios a petición suya], un blanco de 31 años en Overtown, el gueto negro más antiguo de Miami. “Es una jodida locura lo que te digo, ¿verdad? Pues no me da miedo. Llega un momento en que no te importa nada. Esta mañana me levanté enfermo, vomitando y acabé comprando una heroína de mierda, sin ninguna potencia. Una pura basura”. Diez minutos después, Edward estaba en suelo, desplomado contra un semáforo, viendo los coches pasar.
“La información disponible sugiere que el problema seguirá empeorando durante 2017”, indica por correo electrónico Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA). “Esta tendencia es el resultado de una crisis de salud pública alarmante. La sobredosis de droga ya es la causa de muerte más común entre los americanos menores de 50 años”, añade.
El boom de la heroína ha escalado esta década y es consecuencia de la barra libre que se dio en la anterior al consumo médico de potentes analgésicos legales. Siguiendo la estela de la batalla de los noventa contra las tabaqueras, varios Estados han demandado a farmacéuticas por haber alentado supuestamente el consumo de medicamentos adictivos influyendo en infinidad de doctores que los recetaron sin mesura. Florida se volvió la capital de las clínicas que despachan pastillas, llamadas pill mill (molinos de píldoras)
“Yo empecé con la oxicodina”, recuerda Dylan, un rubio de teleserie de adolescentes de 23 años enganchado a la heroína. “Odio estar así. Yo fui un tipo muy popular cuando era un chaval. Pero la cagué”. Ana, de 25 años y origen puertorriqueño, tuvo una entrada a la heroína que rompe el alma: “Mi abuelo era adicto y me la puyó para violarme cuando tenía 14 años. Me quedé embarazada y aborté”. Ahora camina sobre la cuerda de los cócteles salvajes que consume: “Desde enero ya me he muerto cinco veces. Cada día le ponen cosas más fuertes a la mezcla y me muero más que antes”.

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