La presión por la trama rusa obliga al Departamento de Justicia a nombrar un fiscal especial

Donald Trump, en la Casa Blanca.

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El Congreso exige las notas del director del FBI sobre Trump. Comey tendrá que declarar. El presidente se defiende: “Ningún político ha sido peor tratado en la historia”.

EL PAIS ESPAÑA

La presidencia de Donald Trump ha entrado en terreno minado. Sus presiones al responsable del FBI para que cerrase la investigación sobre las conexiones del consejero de Seguridad Nacional con la trama rusa han elevado la crisis que azota Washington a magnitudes desconocidas. El presidente se enfrenta no sólo a un exdirector del FBI ofendido y decidido a revelar sus maniobras más oscuras, sino también a dos comités parlamentarios y desde anoche a un fiscal especial para el caso, el reputado Robert Mueller, director del FBI de 2001 a 2013. A cuatro meses de su investidura, el asedio crece.
Trump guardó silencio y dejó que el Departamento de Justicia diera el golpe de efecto. Cuando toda la presión apuntaba al presidente, el fiscal general adjunto, Rod Rosenstein, el mismo que firmó el despido de Comey, anunció el nombramiento de un fiscal especial para el caso. Fue una válvula de escape, pero también una clara concesión a los demócratas y a un amplio grupo de republicanos irritados con la actuación de la Casa Blanca. “Mi decisión no supone reconocer ningún delito ni que se vaya a perseguir a nadie. Lo que he determinado es que dadas las circunstancias excepcionales el interés público requiere que ponga las investigaciones bajo la autoridad de alguien que ejerza un grado de independencia de la cadena de mando normal”, dijo Rosenstein.
El elegido es Robert Mueller, un respetado ex director del FBI, nombrado por George W. Bush y prorrogado dos años por Barack Obama. Bajo su mando se enfrentó al 11-S y se transformó la agencia. A sus 72 años, pocos dudaban este miércoles de su imparcialidad.
Su elección llega tras desbordarse las sospechas contra Trump. El último golpe lo publicó The New York Times este martes y desató una reacción en cadena en el universo político estadounidense. El despedido James Comey filtró, a través de allegados, el contenido de una de las numerosas notas que posee de sus contactos con Trump, que se definió este miércoles como “el presidente peor tratado de la historia”. El memorándum relata una reunión en el Despacho Oval el 14 de febrero pasado, al día siguiente de que el teniente general Flynn fuese destituido por haber mentido sobre sus conversaciones con el embajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak.
Tras una sesión sobre seguridad con otros altos cargos, Trump pidió quedarse a solas con el director del FBI. Cara a cara, el presidente empezó quejándose de las filtraciones y de la inacción de la agencia a la hora de detener a sus causantes. Incluso, llegó a expresar su deseo de ver detenido a algún periodista. Aclarada su posición, el republicano saltó a la yugular.

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